Olger Melgarejo

16 enero 2007

Mentirita nomás

Oye, she, ¿la señorita ha preguntado por mí?

Sí, she, muchas veces y está bien molesta. Al menos cuando pone su cara de cucu es porque va a preguntar por ti. Nosotros también hemos temblado después de escuchar las quejas en tu contra. Hubieras visto, la señorita sacó del salón a tu primo para que lleve a tu taita a la escuela. La señorita dice que tu taita debe saber que te estás haciendo la vaca. Ella a nadie le pone buena cara. Cree que te encubrimos. No sabe que yo solo sé. Creo que ya te jodiste, she. Mejor dile a tu taita. Él, por lo mucho, te pegará como a perro ladrón o quizá, de pena no lo haga. Hay taitas que son buenos. Dile que no has ido a la escuela porque te dolió tu barriga o que te ha llegado la enfermedad contagiosa de tu taita. Él, también, es medio como tú. Yo lo he visto. ¿No me crees? Muchos taitas de la comunidad han ido a la escuela: don Alichu y don Claudio, también. Todos hablaron feo de ti: torciendo sus bocas y moviendo sus manos. Hubieras visto. ¡Qué miedo! En buena hora no fuiste a la escuela porque sino a chicotazos hubieran sacado sangre de tu culo. La señorita se llenó de cólera y gritó con voz de chancho. A tu primo le dijo: ¡de dónde sea tráeme a ese monstruo! Ahora ya no te llaman por tu nombre. Te dicen monstruo. Cuando tu primo regresó solo, lo volvió a botar. No regreses sin el monstruo. Eso le dijo. ¿Qué quiere decir monstruo, ah? Oye, she, mucho me he asustado. Los otros alumnos, también. Agachando su cabeza y tapando sus ojos, la señorita ha dicho que te van a echar muchos chicotazos en tu mano que roba y en tu pipilí que hace pecado. ¿Tu taita no habrá soñado nada feo de lo que te va a pasar? ¿Ni tu mamá? Dijo que te castigarán para escarmiento de todos; y dice, también, delante de la Memoriosita y de la Memoriosa. El lunes dice, después de cantar el Somos libres y seámoslo siempre. Ya te jodiste, she. Mejor busca a la Memoriosa y dile que, por favor, ya no te busque en la escuela.

¡Mentiroso eres! ¿Qué tantos taitas me buscan? Don Alichu sí, está bien, porque le robé una mata de oca. Y la Memoriosa, también; pero nadie más. ¿Crees que soy upa como tú? Quieres asustarme. Vivo eres, ¿no?

No, yo estoy diciendo la verdad, she. La señorita está como una loca. Dejando de hablar de don Simón Bolívar, se ha ocupado de ti. Va, viene, escupe a cada rato, hasta se ha orinado. Todos vimos bajar un chorrito de pichi por sus piernas.

¡Calla, loco sonso, escandaloso!

¡Si estoy mintiendo que me castigue la mamita Rebeca!

¿Ya ves? Estás mintiendo. Y todavía pones cara de serio. ¿Qué mamita Rebeca hay por acá?Una mamita se aparece así nomás, de la noche a la mañana, sino dejaría de ser mamita. Pregúntale al señor cura. Él sabe. Mi boca no habla por gusto. Lo que yo digo se cumple, she. Quizá en otro día la veas talladita en una piedra, grande como una casa. ¿Qué te parece si apostamos? ¡Aytá! ¡Apostemos un lechón!

¡Lechón! ¡Sonso!, ¡cómo vas a apostar un lechón! ¿Qué lechón me vas a pagar, so tramposo? ¿Ya viste que mientes? Mejor apuesta un trompo o diez patadas en el culo; algo que puedas cumplir. ¡Aytá, apostemos diez patadas y un pukash de yapa! ¿Quieres?

¿Y de dónde vas a sacar el pukash?

Mañana matan chancho en mi casa. Entonces recibiré un pukash como siempre, lo inflaré y lo forraré con un trapo para jugar pelota. Eso será para ti si me ganas.

¿Pero si antes la Memoriosa fuese a tu casa? ¿Si la mala noticia llega a tu casa? Tu taita te pegará duro hasta encamarte. Y ¿qué pukash me vas a dar?

¡Tú, apuesta no más, sonso!

¡Listo! ¡Chócale!

¡Ya, chócale! ¿Ya ves? Tienes miedo. Por eso te haces el que quieres chocar y no lo haces. Ya te jodiste. Tú eres pura boca, she. ¡Mentiroso! Hablando mucho crees que me vas a dar miedo. ¡Sí o no! Dices que me van a capar. ¡Sonso! Si algo le pasa a mi pipilí, yo voy a arrancar el tuyo con alicate porque tú también por ahí pecaste. Me vengaré. Eso no olvides.

¿Y por qué a mí?

Porque nosotros dos cometimos el pecado. Tú, antes que yo. Para mi mala suerte, la Memoriosa sólo me vio a mí.

Yo voy a negar todo.

Aunque digas no, tu cara te va a condenar. Te vas a volver rojo como el cuello del pavo. Entonces la señorita va a maliciar. Eso no sabes.

Sí, pero la Memoriosa está a mi favor, te busca a ti y a nadie más. ¡Cómo será cuando te vea! Va a lamer su boca de contenta. Va a danzar de felicidad hasta que el camino se llene de polvareda. Ella, que es seria, sonreirá. ¿Sabes cómo es eso? Ayer me miró y se pasó de frente, mirándome de reojo y nada más. Yo le leí el pensamiento. Ella se quedó con la palabra en la boca. Quizá no lo dijo por temor a que te contara; tal vez, quiera sorprenderte. Seguramente quiso preguntarme por ti. La Memoriosa es mi amiga. Si chocaran conmigo, ella me defenderá y le romperá el espinazo a cualquiera.

¿Quiso hablarte? ¿Leíste su pensamiento? ¡Tú sí que ya eres loco de verdad! La Memoriosa no habla. No piensa, she.

¿Entonces cómo te busca hasta en la escuela? Yo no me equivoco en eso. Ella reconoce bien. Si su nariz fuera como la del perro, ya te hubiera encontrado. Yo por buena gente no le dije que estás aquí en Qotsap. Me pasé sin decirle nada. Calladita, estaba escondida en el cerco de pencas a la hora en que se entra a la escuela. Mirando, mirando, volteaba la cabeza de un lado a otro. Seguramente para ver si salías de tu casa, solo o con tus perros. ¡Ah, me olvido! A tu perro más grande ya lo mató, lo aventó hasta tu techo. Así que tienes un perro menos, el más querido. La Memoriosa se está preparando en el campo de la escuela. ¡La vieras! Ya es amiga del maestro soplapito. Al primer pitazo, se pone de rodillas; al segundo, levanta las ancas y al tercero, sale disparada y no para hasta llegar primero en la carrera de cien metros. Tu agilidad no va a servir de nada. Vas a morir en la zanja. Ya te jodiste, she.

Si la maestra me castiga, tú también serás descubierto. Eso no sabes tú. La Memoriosa se hace la upa. Es especialista en eso. Al fin sabrá que estuvimos ambos. Cuando me encuentre, le diré: escúchame y después me matas. ¿Por qué no le preguntas a tu cría? Su cría moverá la cabeza de arriba abajo y la Memoriosa descubrirá todo. No fui yo solo. Tú también estuviste. Le diré a la señorita que todo pasó en el pajonal, donde todos los días pastamos animales. Le diré que tú pasaste primero, y, cuando llegó mi turno, a ti ya te tocaba agarrarle del pecho a la Memoriosita y que en eso se apareció su mamá. A la Memoriosa le diré que me perdone y que me encomiende al Patrón San Santiago. Quiero cambiar. ¡Eso le diré! A ver piensa. ¿Cómo te mirará la señorita cuando oiga eso? ¿Qué dirá la Memoriosa? Así que no me vengas con chistes.Sí, pero la Memoriosa fue a la escuela por ti. Está en los caminos por ti. A mí me lame la cara. Es mi amiga. Eso pasó en el salón. Cuando metió la cabeza por la ventana, todos los alumnos se echaron a reír. La Memoriosa nos miró uno a uno, a hombres y mujeres. Al ver tu asiento vacío, movió su cabeza de izquierda a derecha y siguió su camino. Todos reímos, mientras la señorita le preguntaba: ¿qué pasa, Memoriosa? Dando marcha atrás, ella metió la cabeza y me lamió la cara. Entendí que quería mi ayuda y eso haré el lunes. Ahora camina sola. Seguro deja a su Memoriosita como cebo para que caigas en la trampa. Cuidado que vuelvas a hacer esa barbaridad. De repente tu papá ya sabe, she. Ahí, sí, te jodiste.

¡Calla, loco! Ya hemos apostado. Ahora aunque llores te voy a quitar tu trompo y te voy a patear duro en el culo. Yo siempre te he ganado. Así que esta vez también vas a perder, por hablador. Eso no sabes.

No te alabes tanto, she. Nunca me has ganado nada. Y si en algo he perdido ha sido de pura chiripa. Y eso no es ganar bien ganado. Ya te jodí.

¡Chiripa dice! Toda la vida te he ganado bien ganado.

Chiripa, pues, she. ¿Qué pasó cuando estábamos en el bosque de eucaliptos? ¿Viste cuando le tiré hondilla al tuku? La piedra salió silbando y ¡zas!, cayendo en una cabeza, rebotó a la cabeza de otro tuku. Donde apunté, ahí mismo le cayó. ¡Sí o no!

¡Anda sonso! Tú apuntaste a su buche. Pero el tuku, más sapo que tú, riéndose se agachó y te hizo cachita. De cabecita desvió tu piedra al otro tuku. ¡Sí o no!

¡Anda, she! Yo no tiré a su cuerpo. Yo tiré a su cabeza para que la piedra se vaya saltando de cabeza en cabeza. Y resultó.

¡Anda sonso! El tuco te hizo cachita. Vas a decir que no. Se rió de ti. Tu piedra no mata. Tienes menos fuerza que una mujer. Pero yo sí, apunto mejor que Santiago. Por eso mi piedra pasó entre las patas del pichichanka y se quedó clavada en el árbol porque tengo fuerza. ¡Dime que no!

No te alabes, she. La piedra no se clavó en el árbol, chocando se cayó al suelo. Más bien a ti te hizo cachita el pichichanka. Eso me dio más risa. Y cuando conté en la escuela, se rieron más. ¿Sí o no? ¡A ver dime!

No, ya. Yo apunté entre sus patas. Y por ahí pasó la piedra. Ahora está metido en el árbol. El pichichanka se quedó sonso. ¿Sí o no?

Tú eres sonso, she. Parecía que le hiciste una guachita pero no fue así. Tú apuntaste a la pata del pichichanka y tu piedra iba directo, allí; pero nunca pensaste que el pichichanka curveando sus patas dejaría pasar a tu piedra. Sí o no. Esa es la verdad.

¡Guachita fue, cojudo! Porque soy de buen corazón no quise romperle su pata al pichichanka. Por eso disparé ahí entre sus patas y la piedra pasó por allí, ya.

¡Anda, she! No sabes ni siquiera hermosear tu cuento. Cuando tú le tiraste la hondilla, el pichichanka te miraba como si nada. Tienes puntería. Pero el pichichanka se burló de ti. ¡Sí o no!¡Ríndete nomás ya!

En todo caso estamos empates. A ti el pichichanka te hizo cachita y a mí el tuku. A ver ¿qué pasó cuando orinamos desde una piedra grande?

¿Vas decir que me ganaste?

Claro, pues, she, te gané.

Yo te gané, she. No seas tramposo.

¡No! Mientras sacabas tu pajarito, yo ya había terminado de abotonar mi pantalón. Rapidito, sí, o no.

¿Acaso apostamos quién orinaba rapidito?

Pero terminé primero.

Yo duré más. Y yo oriné tres veces más lejos, que tú. ¡Eso apostamos!

¡Ah! ¡Bueno! ¡Uno con otro, pues!

¡Pendejo! ¡No quieres perder!

Pero gané, pues, she. Tú orinaste más lejos pero yo terminé primero. Es uno con otro, pues. Sí o no. Eres bien picón. Hasta lo que pasó con Nicolaza, no me reconoces.

¡Uuuu! ¡Mejor cállate!

¡Es la verdad, pues! Yo te dije que le escondas su cuaderno y nada más. Y tú, sonso, caíste en mi trampa, me hiciste caso. ¿Eso es perder o no?

¿Porque te hice caso, perdí?

¡Claro, pues! Al hacerme caso perdiste porque cuando la maestra le echó látigo a Nicolaza, no viste lo que yo vi. ¡Bien hecho!

Sí, pero no perdí del todo porque también gané siquiera alguito. Tú no sentiste lo que yo sentí, dos bultos blandos. Yo los tuve en mi espalda. Tú, viste y nada más; pero yo lo sentí. Qué me importa no haber visto lo que tú viste, loco.

Sí, pero no se te hizo agua la boca; a mí, sí, porque le vi sin nada.

¡Qué gran cosa es mirar un culo! Yo, yendo al río puedo ver a la Leonora en el agua, bañándose qala siki y ¿eso no es mejor?

No, porque lo que tú ves es siki de vieja; en cambio yo, sí, paro viendo siki de escolar. Peor para ti porque estás templado de ella.

¡Sonso! Tú también estás templado de Nicolaza.

¡Ah! Pero yo no estoy tan templado. Tú te mueres.

Yo la he cargado y no sabes cómo es su aliento. Si te casas, ya sabrás que a mí me sopló primero. Su teta también me hincó, she.

Ojalá se casen para que pierdas. Todo el salón se imaginará en su siki. ¿Sí o no? Un siki fácilmente no sale de una cabeza.

¡Anda sonso!

Tú no has visto un solo qala siki en la escuela. Yo he visto varias veces. Y todos los lunes. La señorita sabe por qué te hace cargar a todos los jalados. Ella sabrá si es para que sientas bultos en la espalda o más abajo.

¡Sin joder ah! Tú ves sólo el qala siki de las sonsas. ¡Sí o no, she! Las sonsas salen jaladas en los exámenes. De ellas nomás, ves. Así que no jodas.

Pero tú no cargas solamente a mujeres. Nicolaza no es sonsa. Es mejor que todos nosotros. Tú eres malo. No pareces templado. De broma nomás te dije que le escondas su cuaderno. Caíste en mi trampa. Y lo hiciste creyendo que otro la iba a cargar para que le echen látigo. ¿Sí o no? Te jodiste. Por eso fuiste medio de mala gana cuando la señorita dijo: a ver, Shanti, carga a Nicolaza. A ti nomás ya, te falta mirar su siki. ¡Cásense, she, para que le veas!

Pero no sabes que otra vez voy a esconder su cuaderno. Si la señorita dice: a ver, Shanti, cárgala, me haré el cojo o que estoy enfermo del espinazo. Y como los dos somos los más punches, te llamará a ti. Entonces me tocará ver su siki. ¿Te das cuenta?

Otra vez quedaremos empates.

¡Empates!

¡Empates, pues, she!

Siempre que pierdes inventas cualquier cosa. ¡Sí o no! Así dices porque no te gusta perder. Eso hiciste después que te dieron tu golpe también.

¡Qué golpe, she!

¡Cuando Julio te rompió tu quijada, pues!

Yo no quise pelear, she. Dije: de repente le doy un golpe mal dado y lo mato. En eso me cayó la patada. Pero, también, yo peleé por cumplimiento; no, como debe ser, porque Julio es primo de Nicolaza. Peor todavía, sabiendo que la señorita me echaría látigo como va a hacer contigo delante de la Memoriosa.

¡Anda, sonso! Eso te pasó por mentiroso. Por copión. Yo le contaba a Demetrio de mi sueño. Le decía que en mis sueños yo era Bruce Lee. Y tú después de oír eso, ahí mismo dijiste: ¡mentiroso, te estás copiando mi sueño! ¡Yo soñé que era Bruce Lee!

Pero fue verdad pues, she. Yo soñé que era Bruce Lee.

Pero entonces por qué no contaste primero.

Eso qué tiene que ver, pudo ser un olvido y nada más. ¡Ah!, ¡ahí está! Ahora que recuerdo, yo soñé que era Bruce Lee pero tú, Bruce nomás.

¡Anda, sonso! Si en tus sueños eras Bruce Lee, ¿por qué Julio te malogró tu quijada? Más bien, el sueño era al revés. Yo era Bruce Lee y tú Bruce nomás. Por eso le di duro a Ricardo, también. A ti por copión casi te rompieron la quijada. ¡Pobrecito, cómo estarías ahora sin tu quijada! La Nicolaza te habría dicho ¡chachíiii!

A ti también te dieron bien dado siquiera un puñete, pues, she. Sí o no.

Sí, pero yo fui el ganador. Eso quiere decir que Bruce Lee es buen sueño para mí.

¡Para mí es mal sueño, dice!

Claro, pues, she. Tú nunca ganas nada bien ganado. Tú sólo lo arreglas todo. Eres mentiroso. Eso es feo. Debes saber perder. Así se aprende. Eso nos enseña la señorita.

La señorita que te va a chicotear en el culo.

¡Anda, sonso! ¡Estamos hablando del sueño, she! ¿Ya ves cómo eres?

Ahora dicen que la Memoriosa va a ir a la escuela. Irá por ti. ¡Sí o no!

¡Oye, sonso! ¡Estamos hablando de lo que Julio casi te rompe la quijada!

La Memoriosa ahora anda por aquí, por allá, buscándote. Quizá preñaste a su becerra.

Tú fuiste antes que yo y no jodas. Ahora, sí, te revuelco pero bien revolcado, so carajo.

¡Ya, ya, ya, ya, ya, ya! ¡No me pegues, she! Es mentirita nomás.

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