04 mayo 2007

Chile: ases bajo la manga y caballos de Troya

Echando una mirada a los medios de comunicación escritos, encontré entre sus páginas un titular al que, particularmente, considero lesivo contra los sentimientos de quien se precie de ser peruano de corazón. A pesar de las semanas transcurridas, se tiene que hacer actual la noticia porque, pensándolo bien, vale la pena reflexionar con el lector sobre el porqué de la indignación al conocer la opinión de la presidenta chilena Bachelet en relación con el camino que tomaríamos en lo que respecta a la frontera de Chile y Perú, patria a la que aprendí a querer por mis profesores de Historia, que, oportunamente, supieron inculcar en sus alumnos los sagrados sentimientos y deberes para con la patria, y ensalzar a sus héroes: Grau, Bolognesi, Cáceres, entre tantos.

La expresión de Bachelet “el Perú tiene el camino libre para que vaya a la Corte Internacional de la Haya pero Chile ya tiene su decisión tomada” corresponde a quien sucedió a Frei, el mandatario socialista, en cuya gestión Chile, como país garante, conocía: 1) que en 1995 vendió en secreto armas a Ecuador con las que los militares de este país nos vencieron en la guerra durante la gestión del corrupto y maleante japonés; 2) que al Perú, como consecuencia de la derrota, se le exigiría un kilómetro cuadrado (Tiwinza) en favor de Ecuador.

En tal sentido, quien nos sugiere recurrir a la Corte de la Haya no es un personaje cualquiera sino la sucesora de Frei, distinguida por “nutrir” su intelecto con la ética y moral “marxista”, “socialista”, y como tal obligada a mantenerse lo más cerca posible a la verdad y la justicia; es decir, hacer lo imposible para que el país hermano, Bolivia, tenga su salida al mar y devolvérsenos el territorio que perdimos en la Guerra del Pacífico. Además, como toda persona culta, la presidenta conoce que el ejército chileno, acatando los intereses de la clase más reaccionaria, nos invadió con fines de saqueo, usurpación de territorio y destrucción de nuestra cultura. La presidenta Bachelet es consciente de que, durante la gestión del Dr. Paniagua, Chile invadió territorio peruano (¡incluso, con total frescura, pusieron una caseta!), esperanzado de que en el futuro en nuestro país habría mandatarios pusilánimes como Alan, quien no sólo vendió nuestros aviones de guerra Mirage —qué tanta falta hicieron en la guerra del Alto Cenepa— sino también ofrece nuestro gas, cielo y mercado a capitales chilenos.

Así, se llega a la conclusión de que las palabras de la mandataria reflejan soberbia, arrogancia, total frescura y la mayor desfachatez. ¿Qué es eso de que “el Perú tiene el camino libre para que vaya a la Corte de la Haya…”? ¿Acaso la presidenta desconoce que su ejército, después de la caída del ladrón Fujimori, tomó posesión de nuestro territorio más allá del punto Concordia? Las palabras de la mandataria chilena constituyen señales de su confianza en que en el Perú tiene infiltrados que van desde nuestros políticos hasta empresarios de su país, cuya misión es destruir a nuestro pueblo como hicieron los guerreros griegos con el pueblo troyano, cuyos habitantes, a diferencia de nosotros que estamos moral y físicamente inutilizados, se hallaban sólo ebrios por el licor.

En la incursión chilena hallamos un mensaje escondido: si a Ecuador se le cedió Tiwinza, entonces Chile puede apropiarse de unos 36 mil metros cuadrados de suelo tacneño y además de 35 000 kilómetros cuadrados de mar. Semanas atrás, nuestras autoridades y diversos periodistas se escandalizaron al saber que un grupo muy valiente de tacneños, organizado por el congresista Ordóñez, se dirigió a nuestra frontera para demostrar al mundo que los chilenos en el año 2000 habían invadido nuestro territorio, aprovechando de nuestra crisis económica, militar y moral en que nos dejaron el hampón japonés y los políticos a su servicio. Ya es sabido que el gobierno aprista impidió por todos los medios que estos patriotas llegaran a su meta, porque iba a quedar una vez más al descubierto la condescendencia del APRA hacia Chile. Muy poco después, la prensa escrita y la televisión informaban como la cosa más natural del mundo sobre el develamiento del busto del delincuente chileno Arturo Prat, quien disipó su pervertida alma en el infierno intentando asesinar a nuestro almirante Miguel Grau; sí, pues, la efigie en bronce de ese descarado agresor del Perú recibió el saludo militar y los honores de parte de Rodolfo Codina y Cristian Barros, comandante y embajador chilenos respectivamente, y —para vergüenza del Perú— del comandante de la Marina de Guerra del Perú (MGP), Eduardo Dancourt, quien con su gesto ha demostrado que además de paje de los chilenos es un verdadero caballo de Troya que sirve al enemigo minando la moral de civiles y militares; otros caballos de Troya son los administradores de las diferentes empresas del país del sur: Saga Falabella, Ripley, Banco del Trabajo, LAN (ya se demostró que realizó espionaje en la base aérea de Chiclayo), Tottus, Sodimac, etc., quienes, al igual que nuestros gobernantes, guardan sepulcral silencio sobre el control de nuestro territorio por el ejército chileno.

Como peruano de origen andino me formulo algunas preguntas: ¿Ha ganado algo hasta ahora la MGP con gente de apellidos italianos y franceses, como Giampietri y Eduardo Dancourt, por ejemplo? Con mucho respeto, ¿estos señores que viven de nuestros impuestos tendrán más valentía que los verdaderos dueños del Perú que doman la tierra o laboran en los socavones de las minas? ¿Llegará la hora de que la raza indígena se haga presente en la oficialidad de la MGP, considerando que por ser más representativa de la mayoría de peruanos tiene más derecho de estar al mando? ¿Dónde están los criterios de equidad y democracia? A ver: ¿qué pasaría si a los escasísimos indios, que están en la MGP, se les diera la oportunidad de ascender a capitanes de navío y almirantes, y a la gente de alta alcurnia se las mantuviera en la marinería?, ¿por qué no? Nuestro primer pensamiento sería recuperar Arica y Tarapacá. Sí, porque el indio es montaña y jamás habrá fulgor en sus ojos mientras no recupere la tierra que le perteneció. Sí, apreciado lector, el indio es más fiel a la patria. Recordemos que en la Guerra del Pacífico los que se rindieron y capitularon o huyeron del país fueron los blancos; los indios, no, en montoneras y guerrillas, lucharon hasta el último. Por supuesto que no desmerecemos el valor y heroísmo supremos de Grau, Bolognesi y Cáceres, que, como los indios, entendieron a cabalidad lo que es el verdadero amor a la patria, lo cual consiste en expulsar al enemigo del territorio que ocupan. Pero los militares blancos de ahora, son harina de otro costal: sonríen, brindan y posan con el enemigo para la prensa, y de yapa algunos de ellos denigran al Perú con sus repugnantes homenajes a los delincuentes chilenos de la Guerra del Pacífico. ¡Es claro como el agua que los militares blancos de ahora nada tienen en común con la trilogía máxima (Grau, Bolognesi y Cáceres) ni con los miles de héroes del pueblo a quienes no se ha levantado monumento!

Desde esta página, invoco a los congresistas Ordóñez, Bruce, Waisman y otros a defender en el Congreso de la República los intereses del Perú en dos aspectos: 1) impedir por todos los medios la venta de nuestro gas a Chile que nos mira con desprecio y compra armas para invadirnos como lo hicieron los malhechores militares chilenos Prat, Lynch, Baquedano, etc.; 2) coordinar con el gremio de los profesores a fin de presionar al ministerio de Educación para que reponga en el currículo los cursos de Historia del Perú y Sicología, asignaturas básicas para enseñar a nuestros estudiantes patriotismo, valores y autoestima a fin de ayudarlos a reconocer a nuestros legítimos héroes y rendirles homenaje sin ninguna posibilidad de equivocarse, para vergüenza nuestra, como el comandante Eduardo Dancourt, ya hundido en el más profundo deshonor.