26 abril 2011

Segunda vuelta y última oportunidad

Mediante esta vía, cumplo con el deber moral de divulgar mi punto de vista en torno a las elecciones 2011 y expresar mi apoyo al candidato Ollanta Humala, previo a la Segunda Vuelta, con la esperanza de que lo opinado y sustentado cree conciencia, avive la llama de la memorable Marcha de los Cuatro Suyos y, también, impulse al lector a optar igual actitud sufragando contra la candidata de los ladrones y asesinos de corbata y ametralladora, que gobernaron el Perú, y ahora, ansiando libertad, cada quien desde la celda, pautan y digitan la campaña política de la que fue Primera Dama, testigo y encubridora de las fechorías cometidas por su padre y por su tío Vladi.


A priori, expreso con total aplomo mi simpatía e identificación con Perú Posible, con cuyo líder a la cabeza rescatamos la democracia y arrancamos al Perú de manos de una mafia, que compraba congresistas, jueces, militares, periodistas, medios de comunicación, etc. con la anuencia y silencio cómplice de la entonces Primera Dama, Keiko Fujimori. De mi identificación con Perú Posible pueden dar fe mis colegas y el alumnado de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, en cuyas aulas defendí con argumentos al ex presidente, a pesar de su 8% de aceptación. Sin condiciones, expuse mi sentir apoyando al hombre que en momentos críticos para la nación convocó a multitudes ─confundidos entre ellas los marxistas-leninistas-maoístas─ a ganar las calles para limpiar la cara del Perú; y se logró defenestrar de Palacio al dúo malhechor, que huyó uno a Venezuela y el otro a Japón con la complicidad de la hoy candidata de Fuerza 2011. Alejandro Toledo no renegó de su nacionalidad para adoptar otra, no se disfrazó de mujer para huir del Perú; so pretexto de salvar su vida, no reptó por techos en dirección de alguna embajada. En su afán de subir puntos en las encuestas, Alejandro Toledo no adoptó la conducta del candidato racista para que, frente a cámaras, una mujer y un gay, ambos del pueblo, le agarren los genitales. En vez de utilizar a personas en crisis, PPK debió solicitar el concurso de su Althaus o Mariátegui para que le agarren sus huevos. Necesariamente, ¿por qué uno del pueblo? Máximo San Román, Yehude Simon y el pastor Humberto Lay, con cuya fe y doctrina comulgo, ¿por qué guardan sepulcral silencio ante tamaña grosería del lobbisista?
También hago manifiesta por escrito mi disconformidad en torno al estilo de campaña que distinguió al Dr. Toledo en el último tramo antes del 10 de abril: debió hablar solamente lo necesario; aprender a responder preguntas con humor. Obviando la frase “salto al vacío”, el ex presidente debió buscar en Ollanta respuestas a dos preguntas básicas: 1) ¿cómo ejecutará su plan de gobierno si, de acuerdo a las encuestas, ningún grupo tendrá mayoría en el congreso?; 2) ¿cómo convencerá a la derecha neoliberal, que el comandante  repudia, para aplicar su Plan de gobierno, muy criticado? Éstas son preguntas vigentes, dado que, ad portas a la Segunda Vuelta, el diario La República resalta en su portada principal del día 14 de abril lo expresado por Ollanta Humala: “Dijo que no impondrá nueva Constitución y que al abrir el diálogo ‘entra a debate todo’. Defenderá sí sus políticas sociales”. Es bueno eso, pero no hasta el punto que desdibuje su propuesta y ya en el gobierno haga cosas diferentes de las que ofreció en campaña electoral; sería jugar un mala pasada a quienes votaron por él.
Ya, no importa, porque es hora de extender la mano amiga, siguiendo el ejemplo de Fernando Olivera y sus aleonados congresistas, que salvaron al Perú del abismo preparado por los alanistas en su afán de derrocar a Toledo adelantando las elecciones (¡eso sí que hubiera sido salto al vacío y resurrección de los corruptos!) ¡Qué privilegio el de Toledo que puede apoyar con sus técnicos en economía; y, con esto, infundir tranquilidad a los inversionistas! ¡Es hora de buscar un sitial en la cartera de economía para desarrollar el Perú y no concretar faenones al estilo de los fujialanistas!
Saludable la decisión del ex presidente Alejandro Toledo de permanecer en el Perú con miras a fortalecer su partido; es una medida atinada, porque ningún militante velará mejor que él por la fortaleza e integridad de su criatura política; pues, el Perú necesita construir verdaderos partidos políticos, no agrupaciones o movimientos oportunistas que surgen nada más que cuando hay elecciones. Acertada medida, por cuanto el fujialanismo y los congresistas de la derecha cavernaria, por tradición, no cesarán de sembrar el caos durante las 24 horas del día en su intento de vacar al ya presidente Humala. ¡Sí a la permanencia en el Perú para encabezar otra Marcha de los Cuatro Suyos, en caso ganara las elecciones quien fue Primera Dama del hampón y los corruptos empezaran a abandonar la prisión vía indulto o vía túnel! En cambio, desatinada decisión si el objetivo fuera sumarse a los gritos destemplados, cual alanistas, contra el gobierno de Gana Perú.
Por cuanto acontece, tengo la impresión de que a Perú Posible le ha llegado de súbito la hora crucial por la que atraviesa toda agrupación política. De continuar indeciso, Alejandro Toledo habrá optado por su muerte política; también por la de su partido. Sólo le resta apoyar y coordinar con Humala allí donde haya coincidencias (las hay), fuera y dentro del Congreso. El auxilio con técnicos debió ser mediante la organización PP para evitar el desbande; y si Humala los atrajo individualmente, también obró mal. Bueno, lo hecho, hecho está. A Perú Posible sólo le resta asimilar el golpe y sobrevivir, tendiendo la mano a Gana Perú, cuyo líder, también, requerirá de un grupo en el Congreso. El futuro político de Gana Perú y Perú Posible depende de lo que hagan sus congresistas. Ni Gana Perú ni Perú Posible pueden caer en el error de creer que las fuerzas reaccionarias y antipatrióticas no actuarán en conjunto para imponerse y defender intereses contrarios al Perú.
Tras la convocatoria de personalidades, Gana Perú debiera reflexionar sobre lo hecho buscando añadir a lo convocado otros nombres, caracterizados por decir su verdad cueste a quien le cueste. En caso gane en la Segunda Vuelta, el candidato Ollanta Humala, si cree en la libertad de prensa, debiera ver la manera de invitar públicamente a los ejemplares periodistas César Hildebrandt y Gustavo Gorriti a ocupar un espacio adecuado en los medios de comunicación del estado a fin de que ellos ─sin ninguna interferencia o presión─ desarrollen su tarea de investigar y decir la verdad, cueste a quien le cueste y duela quien le duela. Habiendo el canal del Estado, el Perú no debe darse el lujo de mantener en la sombra a esos dos baluartes de la verdad. La niñez y la juventud necesitan de ellos, y no de los mercenarios que a diario embrutecen la conciencia de generaciones completas. La hija del ladrón jamás los invitaría; si lo hiciera, nuestros baluartes de la verdad, por higiene, ni siquiera le prestarían atención.

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