16 febrero 2016

El voto evangélico

El voto de los evangélicos “suele ser un voto disciplinado que sigue la sugerencia de sus líderes” (en artículo “La lucha por el voto evangélico” en Hildebrandt en sus trece, N.o 277, Lima, viernes 27-11-2015).

Entre las diversas características de la sociedad considero primordial la posibilidad que tenemos de meditar sobre la libertad, la cual, a decir verdad, desde antaño devino ya en libertinaje. Entendida la libertad como la facultad humana de realizar una acción sin violentar las normas establecidas por el grupo, el libertinaje es la antítesis de ello: todo hacer llevado a cabo violando patrones de conducta y sin medir las consecuencias. El libertinaje alude al hacer del libertino, cuya meta es la satisfacción del placer desmedido.

Son tiempos, pues, de libertinaje.

La democracia también es una cualidad de la sociedad: literalmente significa el gobierno del pueblo. En el contexto peruano, el término democracia alude a la tradición cultivada por los gobiernos y el pueblo, de convocar a elecciones cada cinco años con fines de cambiar autoridades mediante el voto, de acuerdo a leyes y normas, impuestas por el Gobierno.

Mencionado esto, tengamos en cuenta que en el Perú los poderes económicos deciden el candidato que va a ganar en coordinación con los medios que constituyen arma eficaz para falsear realidades, espantando a votantes asustadizos con opiniones fuera de toda realidad, como aquello de que la Constitución de 1993 no debe tocarse para evitar la fuga de los inversores. Esconden la verdad de que la Carta Magna de 1993 fue pensada por gentes de mentalidad mafiosa, para capitalistas mafiosos.

Sobre los credos 
En toda sociedad existen credos religiosos y el grupo evangélico es uno de ellos; este difiere de sus pares por sus fundamentos doctrinales e ideológicos, que por ser conocidos no viene al caso detallar. De este colectivo de afiliación religiosa, interesa a los políticos nada más que el voto de sus miembros. Si los políticos quieren el voto de ellos, lo hacen asistiendo al servicio de mayor concurrencia: para las cámaras, cantan y “reverentes”, escuchan el sermón. Si numéricamente cada credo difiere del otro, por el incremento del número de creyentes en sus diversas denominaciones, el grupo evangélico ha adquirido bastante notoriedad, a tal punto de hacerse interesante en situaciones electorales.

El evangélico generalmente debe acudir a las urnas por la responsabilidad de cumplir con la ley. Y ahora que algunos líderes de la iglesia se encuentran inmersos en el quehacer político a partir de 1990, es probable que muchos evangélicos participemos de las elecciones con la mente puesta en el triunfo de nuestro líder y no en el cumplimiento de sus propuestas cuando “asuma” su función política.

El voto del mal menor
En el contexto actual, como muchos ciudadanos honestos, los evangélicos debemos votar por el político identificado como el mal menor, y nunca más por los candidatos del poder económico: basta ya de toda clase de anatemas que soporta el país desde 1985, cuando las puertas de Palacio y del Congreso fueron abiertas por toda laya de peritos en delitos y en el mal manejo de las arcas fiscales.
Para ello, los evangélicos debiéramos cultivar de modo imperativo la facultad de razonar a fin de que nuestro voto sea producto de la reflexión y el análisis. Me reafirmo en este parecer compartido por muchos y lo expreso por escrito buscando que mis hermanos en la fe también emitan su voto por quien proponga combatir la corrupción enquistada en lo más íntimo del hombre; evangélico o no, apoyar al líder que defienda su verdad con la solidez de sus argumentos; que no se deje manosear por el poder económico, menos influir por la prensa basura. Pienso que debemos apoyar al mal menor.
El evangélico tiene el deber de mantenerse informado sobre los acontecimientos políticos, también del plan de gobierno de los candidatos; debe buscar la manera de analizar la circunstancia política orientado por el propósito de decidir bien su voto.

Desechemos la idea de votar por fulano o mengano porque es pastor o porque es amigo; pero si cualquiera de ellos tuviere cualidades de líder, capaz de confrontar sus ideas con las de quienes controlan la economía, bien, a votar por él. El poder económico prefiere congresistas títeres, que levanten la mano por levantar, sin chistar, como ocurrió durante el fujimorismo.
Repensemos en la última palabra del verso bíblico “Amarás a Jehová, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu fuerza, con toda tu alma y con toda tu mente”. Tengo la impresión de que el evangélico hace poco uso de su mente cuando tiene que elegir al presidente de la República o a los congresistas.

Caso Fujimori
El “amigo de los evangélicos”, Fujimori, es claro ejemplo de ser humano que hizo uso de la mente, pero para estafar a la iglesia evangélica y a los millones que creyeron en él: un amoral en toda la extensión de la palabra, un hombre sin escrúpulos; asumió el poder solo para amasar fortuna sin importar cómo, hasta con derramamiento de sangre. Quienes caímos en sus redes, por dignidad, debemos desertar ya del partido que hoy lo encarna: claro, desenmascarando primero a su candidata, cuyo objetivo principal no es repotenciar el desarrollo del país, sino, desde el Poder Ejecutivo, fabricar con el Poder Judicial la “inocencia” del malhechor y abrir las puertas del fundo Barbadillo para que el preso salga libre de polvo y paja.

En esta campaña electoral, ¿el pastor Humberto Lay prometería impulsar la investigación de las casi 300 mil mujeres del Ande que fueron esterilizadas contra su voluntad, cuando Keiko Fujimori era la Primera Dama de Alberto Fujimori?

Con acto de contrición
Como los millones de peruanos con moral y sangre en la cara, muchos de los evangélicos nos sentimos en deuda con el país por nuestro mayúsculo error de llevar a la casa de Pizarro al farsante que predicaba “honradez, tecnología y trabajo”. Lo hicimos creídos que todos los orientales eran gente honesta y trabajadora; también arrastrados por el terror de la campaña apocalíptica del APRA contra el candidato liberal, Mario Vargas Llosa. Muchos de los que celebramos con bullas y desenfreno la victoria del candidato de ascendencia japonesa, viviremos remordidos por impedir a nuestra mente aplicar en su oportunidad la capacidad de análisis a la campaña del APRA si Mario Vargas Llosa salía presidente electo del Perú.

En actitud contrita, quiero compartir con el lector solo algunas interrogantes si en el hipotético caso el candidato Mario Vargas Llosa hubiese salido airoso en las elecciones de 1990.

El intelectual en mención, durante su gestión ¿habría cerrado el Congreso de la República?, ¿habría ordenado a sus congresistas redactar una nueva Constitución con mente mafiosa para inversores mafiosos?, ¿habría comprado congresistas y también la prensa?, ¿habría pervertido la moral de los hombres que dirigen las instituciones públicas?, ¿habría corrompido el Poder Judicial, la policía, las Fuerzas Armadas?, ¿habría privatizado a precios de ganga las empresas del Estado?, ¿habría ordenado el huaqueo del oro artístico de los incas en Paititi para trasladarlo consigo a otro país?, ¿habría dado la orden de esterilizar a 300 mil mujeres y hombres del Ande?, ¿habría ordenado a los agentes del SIN torturar a Leonor La Rosa hasta dejarla parapléjica, descuartizar a Mariela Barreto, ejecutar a los estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación? Mario Vargas Llosa ¿habría ordenado torturar a la madre de sus hijos?, ¿habría huido a algún país con miles de millones de dólares, producto de la privatización?, ¿habría contratado los servicios de algún siquiatra para que haga llorar a las vírgenes?, ¿etc.?, ¿etc.?

Estas sean reflexiones válidas buscando que los hombres de bien se movilicen contra la candidata del reo: heredera del político de alma hedionda, quien hizo apestar moralmente hasta a los pastores-congresistas, quienes —llamados a ser la luz del mundo— prefirieron la vía del encubrimiento y el silencio (en enero de 1998 los fujimoristas ayudaron a fugar del Congreso al criminal Martin Rivas), en vez de denunciar la retahíla de latrocinios y crímenes del mandatario, llamado Alberto Kenya Fujimori Fujimori: hoy, su Primera Dama ya puso en marcha su tarea de engatusar a los pastores en busca del voto evangélico.

Preocupa el silencio de los políticos evangélicos, que no vierten opinión ni a favor ni en contra sobre temas de corrupción, como el precio de balón de gas (S/. 37,00 en vez de S/. 10,00 como en Bolivia y Ecuador), Ecoteva, narcoindultos, entrega a Chile del triángulo terrestre de Tacna, la cocaína en el avión presidencial de Fujimori; tampoco sobre los 100 kilos de cocaína descubiertos en la empresa del “Padre de la Patria”, Kenyi Fujimori. Hoy, para el beneplácito de la CONFIEP,  la hija de ese “ser humano” encabeza las preferencias del electorado. Con la argucia de sacar al país de la crisis, lo que en sí pretende es excarcelar al delincuente, mediante el Poder Judicial.

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